Tras su partida, comprendí que el dolor no desaparece, pero puede transformarse. Mi propio proceso de duelo me llevó a formarme como Acompañante en el Duelo Animal, para poder ofrecer a otras personas el apoyo que tantas veces falta cuando perdemos a un compañero animal. Acompaño desde la experiencia, la empatía y la escucha, creando un espacio seguro donde no hay juicios ni prisas. Creo profundamente que el amor no se rompe con la despedida, solo cambia de forma, y que transitar el duelo acompañado puede aliviar, sostener y devolver calma en uno de los momentos más delicados de la vida.